“Temple de acero”: un western clásico, oscuro y sangriento
En categoría(s): Estrenos por cabarca el 13-03-2011
No puedo partir hablando de esta película sin referirme a su antecesora de 1966 del mismo título, dirigida por Howard Hawks, gran maestro en el tema, con John Wayne interpretando al viejo, borracho y tuerto sheriff Rooster Cogburn, papel que le significó ganar el Oscar como mejor actor.
Ambas están basadas en la novela de Charles Portis “True grit”, al punto de que hay momentos de ambos filmes que tienen secuencias iguales, incluso con los mismos diálogos. Sin embargo, estamos ante dos formas totalmente distintas de interpretar la misma novela y es aquí donde los Coen hacen la diferencia.
Esta nueva versión abre con la cita del Antiguo Testamento “Huye el impío sin que nadie lo persiga” (Proverbios, 28:1), con la que termina el prólogo de la novela, para luego pasar a un encuadre en negro que de a poco se va iluminando hasta mostrarnos el cadáver del padre de Mattie, momento en que escuchamos su voz en off empezando a contarnos su historia. Con esta secuencia, los Coen nos introducen de lleno, en forma sobrecogedora, con esta fuerte imagen, en la narración de la película. Comienza con la muerte, la oscuridad el barro, la nieve, elementos que nos acompañarán durante todo el relato y que crean esa atmosfera característica del filme. Es el brutal encuentro de la adolescente Mattie con la madurez que tiene que asumir si quiere vengar la muerte de su padre. Iniciación violenta que lleva a identificarnos con su personaje, el cual adquiere dureza, inteligencia y sabiduría para enfrentar este nuevo estado de vengadora.
Para cumplir con su tarea, recurre a la ayuda del sheriff Rooster, interpretado por Jeff Bridges, un personaje mucho más sucio, blasfemo y borracho que el de la película de Hawks; individuo que despierta nuestra simpatía, pues lo vemos como un segundo padre de la adolescente Mattie. En este hecho volvemos a ver el sello de los Coen, más cercano a las experiencias duras, las emociones fuertes y la cruda realidad.
La trama, al igual que la película de 1966, ocupa un lenguaje clásico, con una narración lineal y algunas elipsis que nos conducirán a un lírico final. Sin embargo, introduce el característico humor negro tan propio de estos directores. Lo podemos observar en secuencias que no estaban incluidas en la primera versión, como cuando al indio que van a ahorcar junto a otros dos blancos no lo dejan terminar sus últimas palabras y le colocan la capucha (cosa que no habían hecho con los blancos); los dedos de Rooster tratando de juntar la sangrante lengua de La Boeuf, tercer personaje que interviene en la venganza; el ahorcado en lo alto de un árbol que es comido por un buitre y el indio que comercia con su cadáver; el caza recompensas vestido con una piel de oso que le saca los dientes a los muertos; y la secuencia en que Rooster en medio de una borrachera trata de demostrar su puntería. Todos estos elementos que introducen los Coen van creando un western particularmente sombrío y dramático sin perder su sarcasmo tan propio.
Un gran momento que nos queda grabado a fuego, es la secuencia en que Rooster demuestra todo su coraje al enfrentarse solo ante los cuatro forajidos. Sujeta las riendas de su caballo entre sus apretados y carcomidos dientes, y con ambas manos dispara contra ellos, arriesgándolo todo por salvar a la pequeña Mattie de una muerte segura. Esta secuencia forma parte de ambas películas, siendo la más grafica para con el título de ellas.
Estamos frente a un nuevo western, mucho más confrontacional, directo, realista, filmado con una iluminación acorde a cada secuencia y con espacios que van desde los grandes planos generales hasta los planos de detalle donde la sangre la sentimos en toda su fuerza y atrocidad. Termina la película, con la imagen de Mattie ya convertida en una mujer adulta, soltera y amargada, acompañada de la hermosa música de “Leaning on the everlasting arms”, melodía que nos lleva a entender o a aceptar la muerte y la dureza de la vida.
“Temple de acero”, una película nos demuestra que el género del western está aún vivo y vigente. ¡Seis disparos al aire por eso, la película lo merece!
Dirección: Joel y Ethan Coen.
País: Estados Unidos.
Año: 2010.
Duración: 110 minutos.
Interpretación: Jeff Bridges, Hailee Steinfeld, Matt Damon y Josh Brolin.
Guión: Joel y Ethan Coen, basado en la novela de Charles Portis.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Joel y Ethan Coen.
Disponible: En salas comerciales de cine.




(4.33 de 5)
Felicidades por tu artículo Juan Manuel. Creo que la película es decididamente un aporte al género, aunque convengamos que no está entre los mejores filmes de los Cohen. Como western, aunque en rigor no lo es, les quedó mejor “Sin lugar para los débiles”. También me llamó la atención el tema que escogieron para la película “Leaning on the everlasting arms”, ¿un homenaje a La noche del cazador?. No he visto la película original, pero voy a remediar eso.