“Melancolía”: un poético y hermoso Apocalipsis
Publicado en (Gran Angular) por cabarca el 18-12-2011
Lars von Trier, el provocador cineasta danés, niño prodigio en el mundo audiovisual, soberbio y polémico sin remedio, sorprendió en Cannes este año con esta cinta, “Melancolía”, protagonizada por la rubia Kirsten Dunst, interpretando el rol que había sido concebido para Penélope Cruz.
Aunque la cinta no levantó polémica alguna en su estreno, sí lo hicieron las declaraciones del director en las que manifestó simpatía por el régimen nazi y por Hitler, razón por la cual fue declarado persona non grata en el festival. Con todo, la cinta sigue despertando admiración y buenas críticas alrededor del mundo.
La película no se aleja de los tópicos habituales del cineasta, es decir, se basa en un argumento que sirve de excusa para armar una ácida crítica a la burguesía y a las convenciones sociales, tal como lo hizo antes en “Los idiotas” (1998) y en la excesiva “Anticristo” (2009). El cineasta se vale para estos fines de un argumento simple y demoledor: Justine (Dunst) celebra su fiesta de matrimonio dos días antes del fin del mundo, siendo ella la única que percibe la inminente catástrofe a la vez que debe aparentar disfrutar de la fiesta siguiendo las reglas que el protocolo exige.
La fiesta tiene lugar en la fastuosa residencia de su hermana Claire, representada por Charlotte Gainsbourg, quien interpreta a un personaje que se perfila parecido al que interpretó en Anticristo. Claire se ha preocupado obsesivamente de todos los detalles de la celebración y sufre ante la perspectiva de que algo salga mal dada la indiferencia de Justine ante sus esfuerzos. Por otro lado, Claire es la única que conoce una secreta condición de Justine que la hace padecer profundas depresiones y actuar irracionalmente.
La película se desarrolla en dos partes. La primera, titulada “Justine”, se centra en la fiesta de matrimonio y en describir la relación de Justine con su hermana, con su reciente y devoto marido Michael (Alexander Skarsgård), con su madre destructora e indiferente (Charlotte Rampling), con su padre, un simpático e irrelevante bromista (John Hurt), y con su jefe inhumanamente ambicioso (Stellan Skarsgård) que le regala un ascenso a cambio del eslogan para su última campaña publicitaria.
Esta primera parte es una comedia ácida donde Von Trier una vez más se ríe de la burguesía y de las instituciones sociales, haciendo gala de su habilidad para escenificar situaciones incómodas y armar personajes desagradables. Justine está en la cúspide, es hermosa, joven, recién casada, en una familia rica, con un cargo de directora en una empresa de publicidad, y somos testigos de cómo ella se encarga sistemáticamente de destruir todo, mandando al carajo a su jefe y a su marido. Justine destruye de este modo todo aquello que es deseable de acuerdo a las convenciones sociales, en una acción que es el preludio de la apoteosis de destrucción que se nos muestra en la segunda parte de la película.
Esta segunda parte, titulada “Claire”, se centra en la angustia y el miedo que siente este personaje ante la noticia de que el planeta Melancholia de acerca peligrosamente a la Tierra con riesgo de colisión, con el consecuente exterminio de todo lo que existe en nuestro planeta. Esta situación detona viejos resentimientos existentes entre ambas hermanas, donde Justine, la depresiva, la que no encuentra el sentido del orden social, juega a ganadora y trata despectivamente a Claire, la racional, la que toda la vida ha sido dueña de sí misma.
El marido de Claire, John (Kiefer Sutherland), al parecer astrónomo (no queda claro en la película), no está preocupado y confía ciegamente en la ciencia y los cálculos que dicen que Melancholia se alejará de la Tierra, pero Claire no está segura y Justine está cierta de que nuestro planeta será consumido y que toda la vida en el Universo desaparecerá. No sólo está convencida de ello; también lo desea. En una escena, le declara a su hermana que la vida en este mundo es una mierda y que, por lo tanto, debe desaparecer para siempre. Nadie la echará de menos.
Esta segunda parte es angustiosa sobre todo por la presencia del pequeño hijo de Claire, de unos seis años, quien no entiende bien lo que sucede.
No obstante contener elementos típicos de la filmografía del director, la cinta tiene algunas características que la diferencian. Para empezar, el aspecto visual, ya que Lars von Trier, un cineasta que cofundó el movimiento Dogma a comienzos de los años 90, el que tenía como precepto la ausencia de todo artificio visual y sonoro, aquí ofrece algunas de las imágenes más bellas del cine de los últimos años. Al inicio del filme, se suceden una tras otra diversas escenas filmadas con una extrema cámara lenta, con un equipo de altísima definición y una cuidada iluminación que hace pensar inmediatamente en los recursos publicitarios (Justine es publicista) o en una instalación artística.
Algunas de esas escenas hacen alusión directa a reconocidas piezas de arte, como la pintura “Cazadores en la nieve”, de Pieter Bruegel (1565), que inaugura la película consumiéndose lentamente en un fuego apocalíptico, o la escena en la que Justine vestida de novia flota en las aguas de un lago, como lo hace Ofelia en la pintura de John Everett “Millais” (1852).
Otra característica atípica es la presencia de música, ausente generalmente en sus películas. En “Melancolía”, “Tristán e Isolda” de Wagner suena al inicio y reaparece en reiteradas oportunidades a lo largo de la cinta. El cineasta ha declarado en “Cahiers du Cinéma” que no hay ninguna alusión ni significado oculto en esto, simplemente incorporó esta partitura porque le gusta mucho.
“Melancolía” es hasta ahora la película más rara en la filmografía de Lars von Trier, pero no por ello está exenta de la habitual fuerza emocional que sus cintas ofrecen. Finalmente vale la pena mencionar que esta película, dentro de toda la oferta de películas que tratan sobre el Apocalipsis, es una de las que retratan este hecho de la manera más poética y hermosa, no recurriendo a artificios de ningún tipo. Aunque sólo sea por ello y por su belleza visual, vale la pena verla.
Dirección y guión: Lars von Trier.
Países: Dinamarca, Suecia, Francia, Alemania e Italia.
Año: 2011.
Duración: 139 minutos.
Interpretación: Kirsten Dunst (Justine), Charlotte Gainsbourg (Claire), Kiefer Sutherland (John), Charlotte Rampling (Gaby), John Hurt (Dexter), Alexander Skarsgård (Michael), Udo Kier (organizador de la boda) y Stellan Skarsgård (Jack).
Fotografía: Manuel Alberto Claro.
Montaje: Molly M. Stensgaard.


























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