Los orígenes del cine: “Hugo” y “El artista”
Publicado en (Gran Angular) por cabarca el 22-03-2012
Por Christian Malebrán
Es curioso que en la última edición de la entrega de los Oscar, las dos películas que estuvieron dando la batalla por obtener el trofeo hayan sido concebidas como homenaje a los inicios del cine: una de ellas al cine francés y hecha por un estadounidense, y la otra, justo lo inverso. Me refiero a “La invención de Hugo Cabret”, de Martin Scorsese, y a la finalmente ganadora del Oscar, “El artista”, del francés Michel Hazanavicius, no muy conocido en Chile.
Los realizadores de estas películas tomaron caminos aparentemente opuestos para acercarse a un tema común, el rescate de la magia en los orígenes del cine. Mientras “Hugo Cabret” basa su atractivo en la tecnología de punta, los efectos digitales y el 3D, “El artista” despierta interés por estar filmada a la vieja usanza, la del cine mudo y el blanco y negro.
“Hugo Cabret” es un filme que cuenta con algunas características que la hacen irresistible, como el haber sido concebida y dirigida por el veterano Scorsese y filmada en tres dimensiones con resultados sorprendentes, alabados por James Cameron, uno de los pioneros de esta técnica. Sin embargo, en su promoción no se mencionó algo fundamental y es que la película es un homenaje a los inicios del cine, hecho que no es precisamente un gancho comercial.
La historia no es tanto la del huérfano Hugo Cabret, sino más bien la de uno de los forjadores del cine, George Meliés, y el cinematógrafo, la gran guerra y los elementos propios del contexto histórico en el que tiene lugar la historia.
El filme nos va introduciendo poco a poco en la época de los albores del cine, desplegando ante los espectadores algunas de sus primeras imágenes, tanto de ficción como documental. Ese es precisamente uno de los principales valores de la película, servir a miles de personas de puerta de entrada al fascinante mundo del cine. Personalmente me sentí transportado a otra época cuando de pronto me vi sentado en una moderna sala de Santiago con otras setenta u ochenta personas viendo en tres dimensiones la llegada del tren (1895) de los hermanos Lumière (oficialmente los inventores del cine), la primera proyección comercial de la historia del cine, o “Viaje a la luna” (George Meliés, 1902), una de las primeras, si no la primera, película de ciencia ficción.
“El artista” también se plantea como un homenaje a los inicios del cine y lo hace no solo desde la época en la que se sitúa el filme, sino desde la forma en que se narra la historia recurriendo a los mismos elementos técnicos y narrativos que se empleaban hasta 1929, cuando irrumpió el sonido en la industria. Al igual que en el filme de Scorsese, los elementos técnicos de la película tienen un rol protagónico en la construcción del filme.
No obstante, hay una importante diferencia: en “El artista”, estos elementos tienen una dialéctica propia y son elementos de expresión cinematográfica validados por décadas de estudio y perfeccionamiento. Me refiero no solamente a la ausencia de diálogos y de color, sino al uso del montaje como elemento expresivo, a la música incidental, al ritmo de la película y a la fotografía que se conjugan perfectamente en la construcción de un metalenguaje. Hazanavicius integra magistralmente estos elementos como recursos narrativos en la construcción del filme al punto que es difícil concebirlo de otra manera. Scorsese, en cambio, no logra integrar el 3D a la narración del filme, pudiendo éste disfrutarse prescindiendo de esta técnica. A pesar de que no se trata de una técnica nueva (en la década del 50 y luego en los 80 tuvo un auge pasajero), aún es temprano para poder decir si el 3D llegó para quedarse o no; todo dependerá de en qué medida algún talentoso cineasta logre transformarlo en un elemento con lenguaje propio, cosa que no se consigue en esta película.
No obstante, “Hugo Cabret” no es menos eficaz que “El artista” al momento de transportar al público a otra época. Scorsese logra hacernos entrar en este mundo en que el cine era más un fenómeno de magia que un arte, del mismo modo que Hazanavicius nos hace entrar de lleno en la época de las grandes estrellas como Douglas Fairbanks y Rodolfo Valentino.
El éxito de público y críticas del que han gozado ambas producciones se debe, a mi parecer, a que ambas apelan al sentimiento de nostalgia en el espectador, al hablarnos de cuestiones algo extraviadas, como la belleza, la inocencia y la simpleza de las cosas, en un mundo donde eso es precisamente lo que se echa de menos.
Ambas películas pueden ser entendidas de este modo como una clase sobre la historia del cine. Mientras “El artista” se acerca al tema emocionalmente, inspirada en grandes clásicos que también hicieron su homenaje al cine mudo como “Cantando bajo la lluvia” (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952) y “Sunset Boulevard” (Billy Wilder, 1950), “La invención de Hugo Cabret” es más intelectual, de la mano de un gran estudioso del cine que vio la oportunidad de sacar algunas de las más bellas imágenes de las videotecas de las universidades y ponerlas a disposición de todo el público.
De cualquier manera, ambas son una refrescante mirada a los orígenes de una hermosa manifestación, cuya belleza radica no sólo en su aspecto visual, sino en la conjunción de elementos narrativos que el cine contemporáneo suele olvidar.



























(4.33 de 5)
(4 de 5)