“Drive”: cinematografía pura en un viaje de destrucción
Publicado en (Estrenos) por cabarca el 14-05-2012
Por Christian Malebrán
Con una estética estudiadamente ochentera, un cuidado tratamiento de la música incidental como contrapunto de la acción y una renovada puesta en escena de la violencia brutal que las películas del género de la venganza suelen desplegar, el danés Nicolas Winding Refn hace su entrada en las grandes ligas del cine con ésta, su primera película hecha en Estados Unidos.
Se trata de un joven director, que llega con una propuesta audiovisual novedosa, con un fuerte protagonismo de la violencia, como antes lo hicieran otros directores como Paul Verhoeven, Quentin Tarantino o Alejandro Jodorowsky, en quien Winding Refn ha declarado haberse inspirado para Drive.
Pero el atractivo de esta película no reside tan solo en la violencia que despliega, que la hay y en abundantes cantidades, con las cámaras lentas muy al estilo de Sam Peckinpah o de John Woo, sino en el inteligente guión y la excelente dirección, conduciendo literalmente al espectador en un viaje de destrucción que se toma su tiempo para arrancar.
Ryan Gosling interpreta al conductor sin nombre, el protagonista, un personaje alienado cuyo origen y motivaciones desconocemos. Solo se sabe de él que cuenta con un talento excepcional a la hora de conducir un vehículo, talento que explota ganándose la vida como chofer de bandas de asaltantes y como doble en películas de acción de bajo presupuesto. Es un personaje sin ambiciones materiales y que vive en un precario equilibrio siempre al borde del abismo, flirteando con la muerte, equilibrio que se ve alterado cuando entran en su vida Irene (Carey Mulligan) y su pequeño hijo Benicio, con quienes entabla amistad a partir de un encuentro fortuito.
“Drive” es la historia de una venganza y de cómo el protagonista trata de proteger a esta madre y su hijo cuyas vidas se ven amenazadas por un grupo de mafiosos que no escatiman en golpizas y crueles asesinatos con tal de conseguir un bolso de dinero que funciona como macguffin de la historia.
¿Cuál es, entonces, la novedad de “Drive” si se basa en una anécdota tantas veces explotada antes? Es una película donde no interesa el qué, sino el cómo. Hay varios elementos que la diferencian de la típica película de acción, uno de ellos, el sobrio tratamiento de la cinta. A pesar de tratarse de un tipo que maneja autos para arrancar de la mafia, no se cae en la obviedad de llenar la película con persecuciones, choques y explosiones. De hecho este tipo de escenas son muy escasas, radicando la fuerza del filme más bien en el hábil manejo que Winding Refn hace de la violencia, conteniéndola durante un largo tiempo, lo que genera tensión en los espectadores, para luego dejarla salir a borbotones.
Por otro lado, “Drive” es una película hecha por un cinéfilo, lo que se nota. Es posible reconocer referencias a lo largo de todo el filme. Hay algo que hace pensar muy directamente en “Buenos muchachos”, de Scorsese (1990), o en “Pulp fiction”, de Tarantino (1994), con las cuales comparte la violencia explícita y aquella que no se ve, pero que se siente respirando agazapada en las escenas de diálogos entre los mafiosos brillantemente interpretados por Albert Brooks y Ron Perlman. Tal vez contribuya a esto el que, al igual que las películas antes mencionadas, “Drive” hace referencia a otra época, en este caso la del cine de principios de los 80, con luces de neón, autos con asientos de cuero, chaquetas de nylon y el pop electrónico al estilo de Kraftwerk, a cargo de Cliff Martinez.
Finalmente, el personaje protagónico en el cual radica toda la fuerza de la película, está muy bien construido, tanto por el sólido guión como por la actuación de Gosling. Enemigo de las frases de más de dos palabras, se trata de un personaje trágico, un vengador implacable que no tiene tiempo de preocuparse por detalles como cambiarse la ropa manchada con la sangre de sus enemigos. Se trata de un personaje extraído de los anales del cine negro, condenado desde el primer fotograma de la película y que por lo mismo, despierta el interés morboso de la audiencia sentada cómodamente en la butaca del cine para contemplar su descenso.
En esta cinta, Ryan Gosling y Nicolas Winding Refn han funcionado muy bien como dupla actor-director, al punto que han entablado amistad y tienen ya otros dos proyectos juntos. A nosotros, como espectadores en un país donde novedades como esta llegan con un año de atraso, cuando llegan, solo nos queda revisar la filmografía pasada de esta nueva promesa danesa y esperar que sus películas que están por venir lo confirmen como un nuevo autor que tiene algo que aportar en el cine.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
País: Estados Unidos.
Año: 2011.
Duración: 100 minutos.
Guión: Hossein Amini, basado en el libro homónimo de James Sallis.
Interpretación: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Albert Brooks, Ron Perlman, Bryan Cranston, Oscar Isaac y Christina Hendricks.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Montaje: Matthew Newman.
Música: Cliff Martinez.
Disponible en: Salas de cine.












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