“Ágora”, superproducción sin emoción

En categoría(s): Estrenos por cabarca el 27-03-2011

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agoraweiszPor Juan Manuel Santos

Superproducción española del género histórico de aventuras ambientado en la Antigüedad, que conocemos con el nombre de peplum, “Ágora” no es muy distinta a otras superproducciones que ha realizado Hollywood, como “Gladiador” (2000), de Ridley Scott, o “Cleopatra” (1963), protagonizada por la recientemente fallecida Elizabeth Taylor.
La diferencia es que en el filme del chileno-español Alejandro Amenábar, los “malos” son los cristianos, cuyo guía era Cirilo, patriarca de Alejandría nombrado posteriormente doctor de la Iglesia en 1882 por el Papa León XII.
La película funciona como lo que han sido históricamente este tipo de filmes épicos. Este no es cine de autor, aquí no vemos la mano de un director que sea capaz de hacer un aporte o introducir un cambio en el campo de las superproducciones, aun cuando la cinta esté firmada por Amenábar, quien exhibe una interesante trayectoria fílmica que parte con su primer largometraje, “Tesis”, de 1995, y que sigue hasta la dramática “Mar adentro”, con la que ganó el Premio Oscar a la mejor cinta extranjera en el año 2004.

“Ágora” se desempeña como superproducción, basada en hechos reales aunque con mucho de ficción, y está bien hecha, bien filmada, con muchedumbres que lucen reales y, algo muy importante, no parece de “cartón piedra”. Alejandría es presentada como una gran ciudad con todas las connotaciones que esta afirmación conlleva. Todos estos elementos son el decorado que Amenábar usa para relatar la historia, pero con personajes carentes de dramatismo y emoción.
Es cierto que la filósofa y maestra neoplatónica Hipatia existió y que se mantuvo laica, rechazando el bautismo cristiano, lo que ha hecho que haya sido revindicada como paradigma de la mujer liberada. Esta es la primera película que se hace sobre ella. También aparecen Cirilo el Patriarca y Orestes, quien fue prefecto de Alejandría nombrado por el emperador romano Teodosio II, y otros personajes de ficción como el esclavo Davo, que no aporta mayormente al tipo de narración fuerte (de acuerdo a la clasificación de Francesco Casetti), tan usada por el cine hollywoodense, que elige el director para hacer su película. Son todos personajes a los que veo con una mirada más bien lejana, aséptica, sin asideros narrativos ni emotivos. Un ejemplo es Hipatia, a quien la cámara siempre muestra desde lejos en planos de conjunto o planos medios, como diciendo: “esto es todo lo que puedo decir sobre este personaje, no lo conozco, no me atrevo a indagar en su yo interno, en lo que significaba ser laica en su época”. Finalmente, se la convierte en prácticamente un paradigma de comportamiento religioso y no laico, y se opta por un desenlace ficticio que raya en lo inverosímil.
Como hipótesis, se podría llegar a pensar que, por medio de esta historia, Amenábar nos llama a reflexionar sobre la sociedad actual. Hay secuencias como la de la demolición de la estatua de Zeus por los cristianos, donde quizás se pueda ver una reinterpretación de la caída del monumento a Saddam Husein en Irak. También parece querer mostrar la importancia y los trastornos que están causando los movimientos fundamentalistas: al ver en la película a esas hordas de cristianos todos vestidos de negro con sus turbantes y espadas ensangrentadas, no puedo dejar de pensar en los talibanes y en Osama Bin Laden.
Pero ello es sólo una suposición, pues lo que prima es un filme donde se abusa de los planos cenitales, en que los cristianos se ven casi como insectos corriendo de un lado para otro, planos cenitales con los que se filman las batallas y otras escenas. Esa mirada desde arriba da una visión lejana de lo que está pasando, sin permitir involucrarse en la vida de los personajes. Esto llega hasta el paroxismo de alejar la cámara de su objeto para quedar flotando en el espacio y mirando la tierra desde el universo.
Al final, Amenábar hizo una película con un presupuesto gigantesco, donde como director no hace un gran aporte, toma un punto de vista neutro, políticamente correcto, sin plantearnos una posición personal y autoral. Es como si viéramos a la Alejandría del siglo IV en un reportaje más de la televisión actual.
A nuestro juicio, se necesita de mucha imaginación, creatividad y talento para lograr algo novedoso que pueda integrar un relato más dramático y más cerca de la humanidad de los personajes con los requerimientos que implica una superproducción. Una lástima que esto aquí no aparezca.

Dirección: Alejandro Amenábar.
País: España.
Año: 2009.
Duración: 126 minutos.
Interpretación: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac y Ashraf Barhomm.
Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.
Fotografía: Xavi Giménez.
Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
Música: Darío Marianelly.
Disponible en: Salas comerciales.

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