“J. Edgar”, una historia sin emoción

Publicado en (Estrenos) por cabarca el 30-01-2012

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Por Juan Manuel Santos

Clint Eastwood, como director de cine, nos había mostrado películas en que la emoción llenaba el espacio fílmico. Como ejemplo está la trilogía compuesta por grandes obras como “Bird”, “Cazador blanco, corazón negro” y “Gran Torino”, donde nos muestra en forma intensa el compromiso de un hombre con su medio y con la historia que le tocó vivir. También lo podemos ver en filmes donde se aventuraba en temas humanos y éticos como en “Million dollar baby”, “Río Místico” o “Los imperdonables”.

En este caso, el director opta por contarnos la historia del controvertido jefe de la que actualmente es la “Federal Bureau of Investigation”, más conocida como FBI, J. Edgar Hoover, en un periodo que abarca casi cincuenta años de la historia norteamericana, desde 1924 a 1972.

Hoover, no hay duda, fue uno de los personajes más importantes de la historia de Estados Unidos, por no decir el más importante, del siglo XX. Él dirigió “la agencia” bajo el mandato de ocho presidentes: Calvin Coolidge, Herbert Hoover, Franklin D. Roosevelt, Harry S. Truman, Dwight D. Eisenhower, Jonh F. Kennedy, Lyndon B. Johnson y Richard Nixon. Por lo que, durante medio siglo, en el país más poderoso del planeta, participó en tres importantes guerras más la llamada Guerra Fría, y logró manejar y mantenerse en el poder usando todo tipo de métodos como chantajear a Roosevelt y Kennedy, cometer perjurio en el Congreso, tratar de que Martin Luther King renunciara al Premio Nobel de la Paz, reprimir a los activistas de los derechos civiles, llegar a arreglos con la mafia y tantas otras acciones que desconocemos. Era, sin duda, un reaccionario fascista que solo fue frenado por las constricciones de un sistema que se autodefinía como democrático aunque ambiguo política y moralmente. Pero aun con todo el esfuerzo que Edgar realizó  por subvertirlo, no lo logró.

Clint Eastwood tenía, como en ocasiones anteriores, un personaje interesantísimo para adentrarnos en una película plena de emociones. Material tenía en gran cantidad, si sumamos a su rol histórico la ambigua relación  de Hoover con las mujeres a través de su unión y confianza absoluta de por vida con su secretaria Helen Gandy (Naomi Watts), quien fue la albacea de todos su documentos secretos; por su sometimiento incondicional a su dominadora madre (Judi Dench); por su homosexualidad obligatoriamente reprimida por su cargo,  mostrada a través de su amistad con Clyde Tolson (Armie Hammer), su mano derecha e inseparable compañero. Relación, esta última, platónica, y donde la película trata de sugerir que los orígenes fascistas de Edgar tienen directa relación con esta sexualidad contenida. Eastwood, lamentablemente, no logra la suficiente profundidad al desarrollar esta dicotomía.

El director opta por realizar un filme en el que podemos ver muchas bondades cinematográficas: tiene una buena fotografía, acorde con la trama, en la que observamos el uso de contraluces, sombras, tonos sepia y colores saturados, encuadres; y un manejo constante de los flash back. Usa adecuadamente, para saltarse de una década a otra, el texto dictado por Hoover de sus memorias a distintos mecanógrafos, a quienes él mismo escogió llevado por sus impulsos homosexuales. La  historia  cumple con ser entretenida y posiblemente sea de gusto de los espectadores. Pero en cuanto a emocionarnos y  hacernos pensar, no aporta nada e incluso se podría clasificar de plana.

Es una película donde los hechos están mostrados de tal manera que su comprensión adecuada exige rapidez, capacidad de observación y competencia, pero al mismo tiempo prohíbe directamente la actividad pensante del espectador si éste no quiere perder los hechos que desfilan rápidos ante su mirada. Este último pensamiento, de Horkheimer y Adorno, es  plenamente concerniente a esta película.

Al final, Eastwood, un notable director, se entrega a la industria cinematográfica con un producto que posiblemente tenga éxito en lo económico pero que no significa un aporte al cine de autor al cual ya nos tenía acostumbrados.

 

Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Dustin Lance Black.
País: Estados Unidos.
Año: 2011.
Duración: 136 minutos.
Interpretación: Leonardo Di Caprio, Naomi Watts,  Armie Hammer, Josh Lucas y Judi Dench.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Joel Cox y Gary Roach.
Disponible en: Salas comerciales.

Una original pero sobrecargada guerra civil

Publicado en (Cine en su Casa) por cabarca el 15-01-2012

baladatristedetrompetaPor Christian Malebrán

Alex de la Iglesia vuelve a sus orígenes con esta película, después de haberse perdido con ese fallido experimento británico que fue “Los crímenes de Oxford” (2008).
“Balada triste de trompeta” es una película donde el director retoma el humor negrísimo que lo caracteriza y vuelve a hacer gala de su habilidad para montar secuencias de acción recargadas y ultraviolentas, a la vez que graciosas por su inverosimilitud.
La película tiene uno de los comienzos más llamativos del cine español de las últimas décadas. Se inicia con una función de circo donde dos payasos ejecutan una rutina en la España de fines de la guerra civil, la que es interrumpida por un bombardeo y más tarde por las tropas republicanas que se llevan a la fuerza a todos los hombres capaces de cargar un fusil o de blandir un machete.
Hecha la introducción, comienzan los títulos con un interesante ejercicio visual en el cual, con una música marcial, desfila por la pantalla una galería completa de imágenes alusiva a varias décadas en España desde el fin de la guerra civil hasta los ochenta. La secuencia nos habla de la importancia de las imágenes (la TV y el cine) en el devenir de la cultura española.
Se intercalan fotografías de Franco con las de los personajes protagonistas de la cinta, imágenes de la guerra con imágenes publicitarias de televisión, íconos del cine de monstruos como Frankenstein con los rostros de autoridades de la época, dando a entender de alguna manera que la cúpula militar, la resistencia, la Iglesia y el pueblo son parte de un macabro juego de roles, personajes de un circo grotesco.

La cinta, ambientada al principio en los últimos años de la guerra civil española y más tarde en los setenta, narra la triste vida de Javier (Carlos Areces), quien es hijo de Payaso Tonto, interpretado por Santiago Segura, actor fetiche de Alex de la Iglesia. Payaso tonto ha sido tomado prisionero por las fuerzas falangistas y se encuentra recluido en un campo de concentración.
Javier intenta rescatarle, pero en el intento, Payaso Tonto muere a manos de un despiadado oficial de la guardia civil. Javier encuentra entonces una motivación para vivir, la de vengar la muerte de su padre, pero más tarde la venganza se torna contra el mundo que, sea por la fealdad física de Javier, sea por su personalidad tibia, siempre le ha tratado mal.
La película hace entonces un salto temporal de unos veinte años, lo que resulta un tanto desconcertante para el espectador, porque todo lo que hasta ese momento se había narrado nos preparaba para una película diferente a la que se desarrolla desde este punto. Vemos a Javier ya adulto, integrándose a un circo, donde conoce a Natalia (Carolina Bang), la mujer trapecista, y a su novio Sergio (Antonio de la Torre), el payaso alegre y sustento económico del circo, que a la vez es un sicópata violento que no puede ser más opuesto a Javier en todo, excepto en el amor que profesa a Natalia.
La trama se desarrolla entonces en torno a la pugna entre estos dos personajes por el amor de Natalia, pugna que va tomando cuerpo en situaciones exageradas e inverosímiles, con muchos muertos, balaceras y guiños a villanos y superhéroes malditos (Batman, El Pingüino). En algunas secuencias los estrambóticos personajes se ven involucrados en hechos históricos y se cruzan con personajes reales de esa época, como el mismísimo general Franco.
Se habla a lo largo del filme del ocaso de una era, el fin de la dictadura de Franco y el fin de la inocencia de la era pre televisiva, que significó entre otras cosas la muerte del espectáculo en vivo (el circo entre otros) como referente cultural de masas.
“Balada triste de trompeta” puede ser entendida de este modo, en un nivel básico de interpretación, como un discurso sobre la futilidad de la lucha por el poder en la nueva era de la información, donde para conquistar o someter la voluntad de un pueblo, las viejas estrategias ya no son válidas. Esta lucha es representada a través de la pugna enfermiza que sostienen los dos protagonistas por Natalia, personaje pasivo e indeciso que lo único que quiere en la vida es que alguien la haga reír. Natalia representa de este modo al pueblo de España.
La película nos remite de manera muy obvia a los primeros trabajos del director, “Acción mutante” (1992), “El día de la bestia” (1995) y sobre todo “Muertos de risa” (1999), dado que toma el humor como punto de partida para narrar una historia trágica y violenta. Hay algunas secuencias prácticamente iguales a las de estas películas, como cuando Natalia huye vestida de blanco, igual al personaje de “Acción mutante”, o como en la escena final que tiene lugar sobre una enorme cruz de donde los personajes terminan colgando (“El día de la bestia” termina sobre un enorme y feo edificio de Madrid).
No obstante, carece de la inteligencia de esas películas a la hora de encadenar situaciones hilarantes a través de un guión sólido. Esto no es de extrañar, puesto que “Balada…” es la primera película en la que Alex de la Iglesia prescinde de su habitual guionista, Jorge Guerricaechevarría.
“Balada triste de trompeta” no es el mejor trabajo de De la Iglesia: hay giros en el guión demasiado bruscos y que no se entienden bien, hay situaciones que se desarrollan de manera interesante pero que no terminan en nada, y la película está definitivamente sobrecargada de pirotecnia y de situaciones absurdas.
Aun así, resulta interesante al ser una película que ofrece un punto de vista muy diferente al que estamos acostumbrados a ver sobre la guerra civil española en cintas que se detienen en lo costumbrista (“La lengua de las mariposas”, “Pan negro”) o que elaboran un discurso infantil de la lucha del bien contra el mal (“El laberinto del fauno”).

Dirección y Guión: Alex de la Iglesia.
Año: 2010.
Duración: 107 minutos.
Países: España y Francia.
Fotografía: Kiko de la Rica.
Montaje: Alejandro Lázaro.
Música: Roque Baños.
Interpretación: Carlos Areces, Antonio de la Torre, Carolina Bang, Santiago Segura, Sancho Gracia, Manuel Tejada, Manuel Tallafé, Alejandro Tejería, Fernando Guillén Cuervo, Enrique Villén, Terele Pávez, José Manuel Cervino, Gracia Olayo, Luis Varela, Joaquín Climent, Juana Cordero, Raúl Arévalo y Fran Perea.